jueves, 21 de abril de 2022

2° Video de "Alienación y separación". La alienación (1° parte).

Este es el segundo video de la serie dedicada a la alinación y la separación, primero en el cual abordo el concepto de alienación al que le voy a dedicar 3 videos.

Los invito a compartir el principio de lo que dice Lacan acerca de esta operación, que él ubica como la primera de las dos que causan al sujeto.

 

Para ir al video solo tienen que hacer click en la siguiente imagen:




 

Para quienes prefieren el texto escrito, también lo comparto:


Alienación.

 Habitualmente se escucha que los analistas hablan de la alienación como si se tratara de una alienación al Otro, pero esto se puede entender de varias maneras y algunas no son correctas, como ocurre cuando ese Otro aparece encarnado en alguien, pongamos por ejemplo la madre, y se dice como ejemplos de la alienación algo así como que el niño está demasiado pegado a su madre, o que el adolescente siempre repite lo que la madre le dijo y cosas por el estilo.

Esto es una forma equivocada de entender la alienación, la cual parte de la noción de que la alienación es al Otro.

Entonces, si bien hay una función que cumple el Otro en la alienación, no tenemos que pensar en que se trata de un Otro encarnado en nadie, sino de que el Otro opera como el tesoro de los significantes, es decir que actúa como el lugar lógico donde se encuentran todos los significantes.

Y esto ocurre porque es del encuentro con el campo del Otro como tesoro de los significantes que se produce la aparición del sujeto tal como la conocemos, es por la relación con los significantes que puede hablarse de un sujeto.

Seguramente esto recuerda a la frase que define al sujeto en la teoría lacaniana, la cual dice que un sujeto es lo que representa a un significante para otro significante, ya que solamente en el intervalo significante es que puede alojarse un sujeto, es decir que el sujeto solo puede ubicarse entre dos significantes.

Como ejemplo de eso es que podemos decir que un acto fallido del lenguaje, decir una palabra cuando se quería decir otra, muestra el efecto sujeto sostenido entre el significante que quería ser dicho y el que efectivamente fue pronunciado. Cuando hay un fallido, como también cuando hay un olvido, un chiste, un sueño o un síntoma, es que aparece el sujeto del inconsciente.

El mecanismo de la alienación tiene que ver con este encuentro con los significantes, alojados en el Otro del lenguaje, que llevan a la división subjetiva, lo cual implica una pérdida que debe ser explicada, pero que nos lleva a decir que la alienación es a los significantes del Otro, por lo tanto no es equivocado decir que en cierta manera existe una alienación al Otro, pero siempre teniendo en cuenta que es un Otro no encarnado en nada ni nadie, sino que es el Otro como sede lógica de los significantes.

En dicho encuentro con los significantes, el sujeto queda capturado por el lenguaje y, por lo tanto, se produce su barradura, el sujeto ha quedado barrado. A partir de eso podrá hablar y en dichas manifestaciones del lenguaje aparecerá el efecto sujeto.

Esta función del Otro como lugar de los significantes es la única participación del Otro en la alienación, ya que la verdadera alienación tiene que ver con el resultado del encuentro con los significantes, es decir la división subjetiva. Esto algunas veces se lleva, a mi juicio, al extremo y nos lleva a leer o escuchar que la alienación es del sujeto consigo mismo, sin ninguna participación del Otro, porque solo remite a la barradura del sujeto. Por mi parte considero que no hay alienación sin que los significantes produzcan su efecto fundamental, y al estar presentes los significantes también lo está el Otro del lenguaje, por lo tanto, considero que es incorrecto decir que la alienación, que es a los significantes del Otro, se produce sin ninguna participación de este Otro.

Respecto de esto hay una frase en “Posición del inconsciente”, que puede confundirnos, ya que Lacan dice acerca de la alienación:

 

“No es pues que esta operación tome su punto de partida en el Otro lo que hace que se la califique de alienación.”[1]

 

Esto puede llevarnos a pensar que en la alienación no hay participación del Otro, que el Otro no tiene nada que ver con la alienación, pero considero que esto sería un error, porque lo que Lacan está diciendo es que la alienación sí toma su punto de partida en el Otro, sí implica necesariamente la participación del Otro, pero que el carácter fundamental de esta operación no está dado por esto, sino que hay que buscarlo en otro lado.

Creo que estas palabras de Lacan están fundamentalmente dirigidas a presentar una forma de entender la alienación muy distinta de como se la venía entendiendo hasta ese momento, especialmente en el campo de la filosofía, pero eso lo retomaré más adelante.

A diferencia de cualquier otro autor, Lacan define la alienación de la siguiente manera:

 

“La alienación reside en la división del sujeto que acabamos de designar en su causa”.[2]

 

Esta definición es fundamental, porque todo lo que digamos acerca de la alienación tiene que tener siempre presente que de lo que se trata, de principio a fin, es la división del sujeto, la barradura del sujeto, $, sujeto dividido en su ser, el cual porta una pérdida estructural.

Lacan establece que la lógica que rige en la alienación es la de la reunión, la cual es una operación matemática que muestra una forma de articular conjuntos y que actúa dejando un solo elemento cuando hay dos o más elementos idénticos, es decir que si en el conjunto A tengo los elementos 1, 2 y 3, mientras que en el conjunto B tengo 3, 4 y 5, entonces utilizando la lógica de la reunión voy a tener los elementos 1, 2, 3, 4 y 5, ya que al aparecer repetido el elemento 3 solo conservo uno de ellos y el otro se elimina.

Esto es diferente a la lógica de la sumatoria, en la cual ambos elementos número 3 aparecerían presentes y el resultado que obtendría sería: 1, 2, 3, 3, 4 y 5, de manera que a través de la reunión obtengo cinco elementos y a través de la sumatoria, tengo seis elementos.

Lo interesante de la lógica de la reunión, que opera en la alienación, es que lleva implícita una pérdida, a través de este procedimiento siempre hay una pérdida posible que está contemplada en el planteo lógico y la existencia de la pérdida plantea la existencia de una forma muy curiosa de lo que Lacan llama el “vel”, el cual se entiende en castellano como la forma en la que utilizamos la letra “o” cuando se plantean posibilidades.

Aplicando esto al gráfico de la forma correcta del losange, tenemos que decir que ambas flechas, tanto la superior de la separación, como la inferior que corresponde a la alienación, son dos formas distintas de escribir el vel, de manera que el losange muestra la articulación circular de dos vel.

En principio Lacan nos explica que existen dos tipos de vel, uno de los cuales es exclusivo y el otro es inclusivo; el vel exclusivo es el que nos lleva a elegir una opción descartando las demás, ya que se excluyen mutuamente y no hay posibilidad de elegir ambas, como por ejemplo cuando alguien dice que el sábado a las diez de la noche puede ir al cine o (función de vel exclusivo) al teatro. Es obvio que nadie puede ir a dos lugares al mismo tiempo, por lo tanto, tiene que elegir si prefiere ir al cine o ir al teatro, ya que el planteo también impide ir primero a uno y después al otro, puesto que se debe hacer a cierto horario específico. En este ejemplo, la decisión implica que uno se elige y el otro se pierde definitivamente, ya que aún cuando puede elegir ir al cine y al otro día ir al teatro, la visita al teatro ya no cumplirá con el requisito de realizarse ese sábado a las diez.

A diferencia de esto, el vel inclusivo muestra otra forma de utilizar el “o”, la cual no lleva a la inmediata pérdida irremediable de uno de los elementos, sino que ambos forman parte de lo pedido, como si dijéramos que para un trabajo es requisito indispensable saber hablar inglés o (función de vel inclusivo) francés. En este caso cualquiera de las dos posibilidades hace que el candidato cumpla con los requisitos para presentarse a la entrevista, ya que tanto si habla inglés como si habla francés entra dentro de la categoría que se está buscando para ese trabajo.

Pero a estas dos formas del vel Lacan las rechaza como posibilidades para abordar la alienación, ya que para esta operación reserva otro tipo de vel, el cual presenta otras características y al cual ejemplifica con la frase de: “la bolsa o la vida”.

Imaginemos que alguien se encuentra en la calle con un ladrón que le apunta con un arma y le dice que le entregue la bolsa, es decir algo que el otro quiere robar, como podríamos decir la billetera, la cartera, etcétera.

Lo que ocurre es que hay que elegir y cada elección tendrá su pérdida, ya que si elegimos quedarnos con la bolsa es fácil imaginar que el ladrón no se irá del lugar sintiéndose vencido, sino que nos matará de un disparo y nos quitará la bolsa de nuestras manos que ya no pueden aferrar ese tesoro por el cual se dio la vida; por el contrario, si elegimos conservar la vida tendremos que entregar la bolsa, con lo cual podremos conservar uno de los dos elementos sobre los cuales tuvimos que elegir, ya que seguiremos vivos, pero habiendo perdido algo, ya que tuvimos que renunciar a nuestra posesión material para poder conservar la vida.

Exactamente la misma lógica ubica Lacan en el proceso de la alienación, en el cual el encuentro con los significantes del Otro produce una pérdida, ya que en psicoanálisis no se toma al sujeto como algo completo, sino que el sujeto siempre está dividido por efecto del significante y esa división subjetiva implica que hay algo de sí que está irremediablemente perdido.

Esto perdido por estructura, es decir que está perdido para todo sujeto, es lo que se conoce como el Ser, como algo completo.

Es por eso que Lacan dice:

 

“La alienación consiste en ese vel que condena (…) al sujeto a solo aparecer en esa división que he articulado lo suficiente…”[3]

 

El sujeto, por el efecto de la alienación, solo puede presentarse dividido, es decir portando una pérdida.


Bibliografía:

[1] Lacan, J. Idem, pág. 799.

[2] Lacan, J. Idem, pág. 800.

[3] Lacan, J. “El seminario…” Pág. 218.

jueves, 7 de abril de 2022

Pulsión o instinto.

 


Esta es la primera publicación de una serie dedicada a la pulsión, la cual está separada en tres puntos: pulsión e instinto, la pulsión en Freud y la pulsión en Lacan.

Empecemos por la primera parte.

El concepto de pulsión supone una serie de características que hace imposible que se la confunda con lo que se denomina instinto en los animales, es por esto que Lacan dice:

 

“La pulsión, tal como es construida por Freud, a partir de la experiencia del inconsciente, prohíbe al pensamiento psicologizante ese recurso al instinto en el que enmascara su ignorancia por la suposición de una moral en la naturaleza” (1).

 

En esta frase, Lacan postula claramente que no puede pensarse en una relación de equivalencia entre la pulsión y el instinto y que tal actitud, de tenerla, sería solamente debido a la ignorancia. La misma frase encierra una explicación no desarrollada de por qué esto es así al referirse a que Freud creó el concepto de pulsión a través de su práctica clínica, de los tratamientos que él llevaba a cabo con los pacientes que sufrían de neurosis de transferencia, más específicamente las histerias y las neurosis obsesivas. Es decir que al decir que se trató de una experiencia de lo inconsciente queda inmediatamente descartado todo aquello que tiene que ver con la vida animal, pues de lo contrario habría que suponer que los animales poseen un inconsciente.

Esto que parece tan simple de comprender puede volverse mucho más complicado por las palabras del propio Freud, como lo veremos más adelante.

Aún así existe desde siempre cierta confusión con respecto a estos dos términos, confusión respecto de la cual podríamos asumir la posición de calificarla de ingenua o propia de la ignorancia, pero esto no sería correcto.

Lo mejor será especificar ciertas cuestiones con respecto a uno y otro concepto, a fin de poder marcar las diferencias entre ellos.

Empecemos por el instinto. Se entiende por instinto aquello que impulsa a los animales a realizar acciones que están destinadas a satisfacer sus necesidades, tales como la alimentación, calmar la sed y preservar la vida, entre otras a las cuales hay que agregar la reproducción, la cual si bien no está relacionada con la continuidad de la vida de los animales que la practican, sí es fundamental para la continuidad de la especie; con lo cual podríamos decir de alguna forma que la reproducción sirve a los efectos de la preservación de la vida de la especie. Este instinto se caracteriza por ser un saber, un conocimiento (usados aquí como sinónimos, aunque vale la diferenciación ya que luego veremos como Lacan los utiliza de manera muy distinta) que además de generar una búsqueda de una acción también implica el saber acerca de cómo lograrla y con qué elemento se debe buscar esa satisfacción. Luego de lograda dicha satisfacción se alcanzaría un estado de satisfacción en la cual aún frente al objeto antes buscado no habría ninguna respuesta por parte del animal, como ocurre por ejemplo cuando el perro está saciado y se le muestra carne o cuando, en la misma situación de saciedad, se le presenta una perra en celo.

Muy distinto es lo que ocurre cuando se trata de la pulsión, ya que la misma no implica la satisfacción de una necesidad en el sentido de aquello que se necesita para la conservación de la vida; para el ser humano no son pulsiones el hecho de comer o beber, por poner algunos ejemplos, es por eso que Freud podrá decir que existe una pulsión oral y otra anal que están apuntaladas a necesidades biológicas sin ser la pulsión lo mismo que estas funciones orgánicas, mientras que luego Lacan agregará una pulsión invocante y otra escópica, que tanto se alejan de lo referido a acciones para mantener la vida o la conservación de la especie.

Pero más allá de estas especificaciones que alejan ambos términos, el instinto y la pulsión son aquello que impulsa a animales y humanos a buscar ciertos fines, distintos los unos de los otros. Es este carácter de impulso o empuje lo que hace principalmente que ambos conceptos puedan ser confundidos, pero hay muchos otros elementos que permiten que esta confusión tenga lugar.

Fundamentalmente me interesa mostrar aquellas cuestiones encontradas en la propia obra de Sigmund Freud que pueden generar la equivocación de asimilar el instinto a la pulsión y esto tiene que ver con el hecho de que él es el creador del psicoanálisis y, como tal, es la base de la cual parte todo aquel que pretenda investigar y profundizar sus conocimientos acerca de este tema, siendo que esta base freudiana, fundamento básico e ineludible de la teoría, puede generar cierta confusión si no se la estudia con detenimiento.

Ahora quisiera comentar algunos de los motivos por los cuales puede producirse esta confusión en la propia obra de Sigmund Freud.

Como primer elemento que puede servir para generar confusión entre uno y otro concepto, diré que la traducción de López Ballesteros no hace ninguna diferenciación entre pulsión e instinto. Esta, que es la primera traducción al castellano de la obra de Freud, utiliza pura y exclusivamente la palabra “instinto”, sin importar si en el original estaba escrito “trieb” (pulsión) o “instinkt” (instinto); es decir que aun cuando Freud sí había hecho una clara diferenciación entre ambas, López Ballesteros unifica ambos conceptos y los llama instinto. Si tenemos en cuenta que esta traducción fue la utilizada por una enorme cantidad de lectores de Freud es fácil imaginar que habrá producido efectos al tratar de definir ambos elementos de manera independiente el uno del otro.

Por supuesto que puede objetarse que, si bien esto influye en todos aquellos que leyeron esta traducción, es un error únicamente adjudicable al traductor y resuena en nuestros oídos la frase que dice: “traductor, traidor”, pero esta no es una explicación del todo convincente. Quien le da todo su valor a esta traducción sin hacer ninguna aclaración al respecto (ni referente a ningún otro tema) es nada más ni nada menos que el mismísimo Freud.

En una carta de 1923, Freud le escribe a L. Ballesteros y le cuenta que aprendió sin maestros la lengua castellana para poder leer “Don Quijote” en su lengua original, luego continúa diciendo que:

 

“Gracias a esta afición juvenil puedo ahora –ya en edad avanzada- comprobar el acierto de su versión española de mis obras, cuya lectura me produce siempre un vivo agrado por la correctísima interpretación de mi pensamiento y la elegancia del estilo. Me admira, sobre todo, cómo no siendo usted médico ni psiquiatra de profesión ha podido alcanzar tan absoluto y preciso dominio de una materia harto intrincada y a veces oscura”. (2)

 

Luego de esta determinante valoración del propio Freud, en la cual no indica ninguna corrección, es muy complicado criticar al traductor.

¿Por qué Freud no comenta nada acerca de la diferencia entre pulsión e instinto? ¿Es que acaso hay algo en su obra que permita establecer una confusión?

Dice en “Compendio del psicoanálisis”, donde habla del super-yo y el ello:

 

“Este esquema general de un aparato psíquico puede asimismo admitirse como válido para los animales superiores, psíquicamente similares al hombre. Debemos suponer que existe un super-yo en todo ser que, como el hombre, haya tenido un período más bien prolongado de dependencia infantil (…) La psicología animal no ha abordado todavía el interesante problema que aquí se plantea”. (3)

 

Con lo cual la diferencia tajante entre animales y humanos parece no ser tan tajante, ya que los animales pueden tener también ello, yo y super-yo; Freud incluso alienta a la psicología animal a que estudie este tema.

De esta manera releemos la frase de Lacan citada anteriormente y comprendemos que es fácil imaginar que alguien pueda creer que si se plantea la existencia de la segunda tópica freudiana en los animales también podría creerse que la existencia de un inconsciente animal no sería tan desatinada.

Luego, siguiendo con el Compendio…, Freud equipara en el capítulo 4 al psicoanálisis con las ciencias naturales y pone como ejemplo de los principios de la misma a la energía nerviosa y las pulsiones. No es difícil comprender que estos intentos de Freud de basar su teoría en las ciencias tales como la física y otras ciencias naturales favorezca la confusión de tomar a las pulsiones no como algo exclusivamente humano, sino como algo propio de la naturaleza de los seres vivos animales, como lo es el instinto.

Por otro lado, leemos en el diccionario de psicoanálisis de Laplanche y Pontalis como definición de la pulsión:

 

“Proceso dinámico consistente en un empuje (…) que hace tender al organismo hacia un fin”.(4)

 

Esta no es una definición apresurada, sino que tomar la pulsión como “empuje hacia un fin” tiene su base en Freud cuando él dice:

 

“…es una magnitud de actividad…” (5)

 

Ocurre que calificar a la pulsión como un empuje lo asimila bastante al instinto, ya que son muchos los diccionarios que definen al instinto, justamente, como un empuje que lleva al animal a realizar cierta acción. Estos autores manifiestan que la Standard Edition inglesa traduce trieb como instinkt, en lugar traducirlo como “drive” o “urge”.

Otra cita de Freud para sumar confusión:

 

“Si en el hombre existe un acervo de formaciones psíquicas heredadas, o sea algo análogo al instinto animal, ello será lo que constituya el nódulo del sistema Inc.” (6)

 

López Ballesteros aclara que se trata del instinto animal, es decir, del “instinkt”. Es decir que el nódulo del inconsciente contiene algo análogo al instinto animal, lo cual es significativo si se lee que en el mismo texto dice:

 

“El núcleo del Icc consiste en agencias representantes de pulsión que quieren descargar su investidura; por tanto, en mociones de deseo”.

 

Así, aun dejando de lado la muy interesante investigación acerca de cómo interactúan aquí la pulsión y el deseo, podemos decir que en este texto de 1915 (mismo año en que escribió “Pulsión y sus destinos”), Freud dice que en núcleo del inconsciente existe algo análogo al instinto animal y luego agrega que el núcleo del inconsciente contiene representantes de pulsión.

Pero aún así, con todos estos elementos que producen confusiones de todo tipo, no podemos quedarnos atrapados dentro de dicha confusión y debemos ir más allá de ella.

Esto se debe a que, superando estos puntos conflictivos, algunos de los cuales surgen de la pluma del propio Freud, no puede postularse una verdadera confusión entre ambos términos, es muy cierto que Freud nunca confundió “trieb” con “instinkt” y que siempre utilizó ambas palabras para referirse a cuestiones muy distintas.

Además, dejando de lado ciertos pasajes, es completamente claro que el uso que Freud hizo de cada uno de esos términos inhabilita cualquier verdadera confusión entre lo que impulsa a los animales y lo que impulsa a los humanos; de la misma manera que la claridad e insistencia con la cual Freud explica que la teoría de las pulsiones proviene exclusivamente de la observación hecha en la clínica de las neurosis es demostración más que indiscutible de que no puede haber pulsión en los animales ni instinto en el ser humano.

Con respecto a esto, en el mismo diccionario citado estos dos autores franceses establecen la diferencia al decir que la palabra instinto

 

“si se utiliza para traducir trieb, falsea el sentido del concepto en Freud” (7)

 

Luego agregan que

 

“La concepción freudiana de pulsión conduce (…) al desmantelamiento de la noción clásica de instinto”. (8)

 

Nadie más indicado que Lacan para lanzar una frase contundente y definitiva acerca de este tema:

 

“La pulsión, nunca se lo recordará bastante a la obstinación del psicólogo (…) la pulsión freudiana no tiene nada que ver con el instinto…” (9)

 

De esta manera podemos entrar a analizar el concepto de pulsión como algo totalmente separado del instinto y perteneciente en forma exclusiva al ser humano.

 

 

 

 

Citas:

 

(1) Lacan, J. “Del Trieb de Freud y del deseo del psicoanalista”. En Escritos 2, pág. 809. Buenos Aires, Siglo XXI.2008

(2) Freud, S. “Sr. Luis López Ballesteros y de Torres”. En Obras completas, tomo 20, pág. 2821. Buenos Aires, Losada. 1997.

(3) Freud, S. “Compendio del psicoanálisis”. En Obras completas, tomo 25, pág. 3381. Buenos Aires, Losada. 1997.

(4) Laplanche, J. y Pontalis, J. B. “Diccionario de psicoanálisis”. Pág. 324. Buenos Aires, Paidós. 2004.

(5) Freud, S. “Los instintos y sus destinos”. En Obras completas, tomo 15, pág. 2040. Buenos Aires, Losada. 1997.

(6) Freud. S. “Lo inconsciente”. En Obras completas, tomo 15, pág. 2077. Buenos Aires, Losada. 1997.

(7) Laplanche, J. y Pontalis, J. B. Obra citada, pág. 325.

(8) Idem, pág. 326.

(9) Lacan, J. “Del Trieb de Freud”. Pág. 809.

jueves, 31 de marzo de 2022

Táctica, estrategia y política en psicoanálisis

           


        Agradezco nuevamente la participación de la lic. Natalia Demonte, con este texto acerca de situaciones que se producen en la clínica psicoanalítica. 

        Lacan, en ¨ Dirección de la cura y principios de su poder¨, hace una comparación entre la dirección de la cura y lo que atañe a la táctica, estrategia y política en situación de guerra. Se propone de este modo repensar la técnica analítica, con relación a su cuestionamiento a la tendencia a la reeducación emocional del paciente para aprender a domesticar al yo y sus síntomas. Tendencia de los post freudianos donde el saber lo traía el analista en una posición enfatuada, en dirección a una posición terapéutica de eliminar al síntoma.

Tomando como analogía las situaciones de guerra Lacan se pregunta:

A nivel de la táctica el analista se pregunta ¿Q hago?

¿A nivel de los medios para llegar a dónde?

En la táctica Lacan ubica el concepto de interpretación, y enfatiza que el analista es ¨único amo en su barco¨.  Continúa puntuando que esa máxima libertad es relativa, ya que enfatiza que ser el único amo como analista no significa ser el amo del lenguaje, porque el efecto de toda interpretación sólo se mide por los efectos a posteriori. La interpretación está del lado de la técnica analítica y el analista paga con palabras, que de acuerdo a los efectos que produjo en el analizante se podrá vislumbrar si cobraron estatuto de intervención o no.

Lacan pone énfasis en no confundir la interpretación como una posición de un saber del analista para enseñar o explicar, de esa manera sería una práctica de adoctrinamiento y comprensión imaginaria, donde se deja pasar la interpretación y la letra que trae el paciente.

Por el contrario, el analista escucha y lee, decide dónde poner el punto ¨elige escuchar esto o lo otro¨. Al poner el punto los efectos de retroacción en el interlocutor deciden la interpretación. Podemos decir que es un S 1 al que el analizante le agrega un S 2, un plus. Es el inconsciente del analista el interpretado por el analizante.

El analista también hace corte, es lo tajante respecto al bla bla bla, a la significación fálica del paciente, acotar el sentido, dar el corte, interrumpir la cadena significante y procurar la división subjetiva.

Con respecto al corte en las sesiones también Lacan apunta a lo singular en contraposición a la cronología exacta de los 50 minutos: el corte desempeña un papel de escansión, que tiene valor de intervención donde se va transmitiendo una lógica.

En cuanto a la estrategia, Lacan compara el arte de dirigir las operaciones militares, en la coordinación general de una guerra. La táctica tiene que reinsertarse en el marco de una estrategia. Sería la pregunta ¿Cómo hago eso que hago? Acá Lacan ubica el concepto de transferencia. Podemos vislumbrar que el analista en este punto también paga con su persona. Amo de mi barco, pero mi libertad se encuentra alienada, depende de lo que el fantasma del analizante me transfiere. Por lo cual el analista debe maniobrar, pero nunca decidir ¨el desdoblamiento que sufre mi persona¨

Podemos pensar que este menor grado de libertad condiciona el lado de libertad de interpretación, ya que la interpretación es en transferencia. La transferencia impone otra temporalidad que nos va a ir guiando.

n cuanto a la política, (derivado de polis), podemos pensarla como la autoridad que interviene para conducir gente.

Lacan toma la política como lo que conduce, condiciona la táctica y estrategia. Estaríamos en el nivel de los fines. Surge la pregunta ¿Cómo inventar un medio de acción cuando la situación es cada vez diferente? La política atañe el nivel de la ética. La premisa del caso por caso, respetando y conduciendo sin perder nunca el eje en la singularidad de cada sujeto.   El analista paga en este nivel con su juicio más íntimo. Es aquí con el que el analista se tiene que ver con su deseo, es decir su falta en ser. Se pone en juego el deseo del analista, en cuanto al deseo de una posición, de una determinada función, en un discurso que siga la lógica del psicoanálisis, donde el saber es un saber inconsciente que trae el paciente y el sujeto es una posición a producir, un efecto del lenguaje.

Como bien sabemos toda época tiene efectos en la subjetividad de las personas y deja sus huellas.

En nuestra época actual del auge capitalista, predomina ¨el tapar las faltas con objetos gadgets¨ y el¨ Todo es ya ¨, se tiene que ser ¨productivo para ser exitoso¨.

Hay una caída de los modos tradicionales de regulación del goce, y a su vez un sin número de ofertas con promesas para el ¨bienestar¨ a corto plazo de los padecimientos subjetivos que van en la misma lógica.  Podemos vislumbrar desde el exceso de cantidad de variedad de psicofármacos que tienden cada vez más a ponerse en juego en diversos tratamientos, hasta diversas disciplinas actuales que van surgiendo ¨para enseñarles a las personas a que aprendan a dominar y lograr quitar los síntomas que padecen¨.

Se escucha cada vez más nuevos fenómenos clínicos de urgencia con ataques de pánico, adicciones, ansiedad, depresión, y una demanda terapéutica a la cura de los síntomas, demandas de respuestas, de duración de tratamiento, de explicación y terapéutica del síntoma.

Se vienen nuevos desafíos para el psicoanálisis. Donde nos tenemos que reinventar, pero sin dejar de lado nuestra política de trabajo. Donde se trabaja con el síntoma, no se lo tapa. El síntoma tiene su recorrido, su trayecto, y una singular forma de relación con el goce que lleva tiempo escuchar. Tiempo del inconsciente, tiempo subjetivo y ante todo singular.

El deseo del analista opera vía la interpretación, para la reducción de dicho goce del síntoma y poder encausarse por las vías del deseo. De lo que se trata precisamente es de no curarlo, sino de poder, en un recorrido, anudar la pulsión por esas vías. Ir transformando ese goce parasitario a un recorrido por los goces de la vida.  Ese saber hacer con el síntoma implica al deseo del analista.

viernes, 25 de marzo de 2022

Video acerca de "Dificultades acerca de la alienación y la separación".

            Les presento el primer video de una serie acerca de la alienación y la separación. En esta oportunidad revisaremos algunas cuestiones complicadas que nos permitirán estar mejor preparados para entender a qué se refería Lacan con estos conceptos.

            El video se puede ver haciendo click en la siguiente imagen:



       Para quienes prefieren leer, acá publico un artículo que no coincide exactamente con el texto del video y tal vez sirva para completar lo filmado.

 

  

Alienación y separación.

 

Consideraciones iniciales.

 

La alienación y la separación son las dos operaciones que dan por resultado la causación del sujeto, es decir que si suponemos que la persona que tenemos enfrente como paciente es alguien en quien se puede ubicar un sujeto del inconsciente, es porque las operaciones de alienación y de separación tienen que haber actuado.

En palabras de Lacan, antes de dedicarse a comentar ambas:

 

“Por eso hoy quiero poner el acento en las operaciones de realización del sujeto en su dependencia significante respecto del Otro”.[1]

 

Ya abordaremos cómo influye el significante, que proviene del Otro, en esta dinámica.

En este planteo, la alienación es la primera y la separación es la operación segunda, es la que cierra el ciclo y le da al sujeto la forma y las características que se le reconocen cuando se habla de él en psicoanálisis, es decir que para comprender cómo se forma el sujeto del inconsciente tenemos que pasar por el abordaje de estas dos operaciones.

Se trata de operaciones lógico-matemáticas, por lo que no pueden ser pensadas según un orden cronológico en el desarrollo de una persona, esto significa que no podemos decir que la alienación ocurre a los tantos años de vida y la separación se produce cierto tiempo después, sino que deben ser tomadas juntas, una y otra unidas por un proceso y no pudiendo ocurrir la una sin la otra, siendo que ambas operaciones dan por resultado al sujeto.

Que sean dos operaciones lógicas no quita que haya una temporalidad, pero esta temporalidad es lógica y no cronológica, es decir que una de ellas se produce antes que la otra, ya que la alienación se produce antes que la separación, pero eso no significa que se puedan ubicar ambas en ninguna fecha concreta o época del almanaque.

Esto también sirve para oponernos a esa idea que muchas veces se escucha, lamentablemente, en la cual se dice que un paciente está atrapado en la alienación y que todavía no se produjo la separación, lo cual es un absurdo, ya que la lógica que tenemos que utilizar para entender estas operaciones es otra e incluye a ambas operaciones juntas.

Pongo dos ejemplos para ilustrar la idea de que se trata de tiempos lógicos y no cronológicos.

El primer ejemplo es el que usamos para pensar el par significante S1 y S2.

Sabemos que no existe el significante que actúe por su cuenta, sino que solamente podemos hablar de significantes si tenemos el par significante, ambos significantes unidos ya sea por la metáfora o por la metonimia.

Entonces es imposible decir que ambos significantes se pueden encontrar en tiempos cronológicos, como si dijéramos que en un momento aparece el S1, pongamos por ejemplo el relato de un sueño, y varios minutos después aparece el S2, que podrían ser las asociaciones acerca de uno de los elementos de ese sueño.

Esto es incorrecto, porque no se trata del plano cronológico, ya que solamente podemos hablar del par significante en el momento en que nuestro paciente hace una asociación entre uno de los elementos del sueño y alguna idea o palabra, es recién en ese momento en que podemos decir que tenemos S1 y S2, pero ambos aparecen al mismo tiempo.

Podemos decir que nacen juntos, mientras que si nos ubicamos en el tiempo cronológico solo podemos decir que antes de dicha asociación solamente había palabras, relatos, recuerdos y otras cosas, pero jamás significantes.

Se utiliza la escritura de los números 1 y 2 para acompañar la “S” que representa al significante para mostrar que se trata de dos significantes distintos, pero eso no quiere poner en evidencia ninguna jerarquía, ni que uno viene cronológicamente antes que el otro.

O tenemos dos significantes o no tenemos ninguno.

El segundo ejemplo, tal vez mucho más claro, es el que se da entre la madre y el hijo. Por supuesto que cronológicamente sabemos que la mamá tiene que existir antes que nazca el hijo, es una obligatoriedad imposible de evitar, pero antes de que nazca su hijo no hay una madre, solo una mujer; solamente podemos hablar de una madre si hay un hijo y solamente podemos hablar de un hijo si hay una madre, pero ambos adquieren el título de “madre” e “hijo” al mismo tiempo. Aún cuando la mujer tenga hijos previos, solo será madre de su nuevo hijo cuando ese hijo aparezca.

De manera que cronológicamente podemos tener palabras y mujeres en un tiempo previo, pero para hablar de significantes y de madres tenemos que tener el otro elemento ligado, siendo que estos pares solo pueden existir juntos y aparecidos en el mismo momento.

La misma lógica debemos aplicar a la alienación y la separación, solo podemos pensarlas juntas, no separadas, y como tiempos lógicos, no cronológicos.

La dinámica que describe Lacan para las operaciones de alienación y separación es la siguiente:

 

“Operaciones que se ordenan en una relación circular, pero no por ello recíproca”.[2]

 

Que la relación entre ellas sea circular significa que hay un ida y vuelta entre ellas, que una y la otra están vinculadas en un proceso que tiene un resultado, es decir que ambas actúan para que se obtenga un efecto, siendo que este resultado es lo que llamamos el sujeto.

Pero no se trata de que lo que ocurra en una sea lo mismo que lo que ocurre en la otra, no se trata de una simetría entre ellas, donde una es algo así como el espejo de la otra. Ambas están incluidas en un proceso común, producir un sujeto y por eso Lacan dice que la separación cierra el círculo que se inició con la alienación, pero la falta de reciprocidad, la no existencia de una simetría entre ellas, significa que son dos procesos distintos, los cuales tienen sus características específicas y realizan una función diferenciada la una de la otra.

El sujeto solo adviene cuando ambas han operado.

En ambas operaciones se produce un vínculo entre el sujeto y el Otro, se trata de dos campos articulados, y esta relación entre ellos se expresa en lo que llamamos el losange, que habitualmente se grafica como un rombo, pero que en realidad tiene una forma distinta.

Como podemos ver en la imagen, el grafo del deseo, tal como aparece en el seminario 5, nos muestra al fantasma y a la pulsión expresados a través de sus conocidos matemas, los cuales incluyen un rombo en medio de otros dos elementos.

 


 Poco importa que alguien pueda decir que a la altura del seminario 5 Lacan todavía no había desarrollado sus ideas respecto de la alienación, la separación y el losange como sí lo haría en el seminario 11, por ejemplo, ya que hoy en día estos matemas se siguen escribiendo de la misma manera. Se hace con un rombo porque es mucho más fácil y práctico hacerlo así que en su forma correcta, pero a la hora de hablar de las operaciones de las cuales nos estamos ocupando es importante dedicarle un poco de atención.

La forma correcta del losange es la siguiente:



Es decir que se trata de dos flechas que establecen algo que va de izquierda a derecha en la parte inferior, al mismo tiempo que hay algo que va desde la derecha hacia la izquierda en la parte superior, estableciendo así una circularidad, un ida y vuelta entre esos dos campos, que sabemos que se refieren al sujeto y al Otro.

Lacan nos aclara, poco después de presentar el gráfico del losange, que la flecha de la mitad inferior es la que corresponde con la primera operación, esta es la de la alienación, de manera que por un simple descarte nos queda la flecha superior como la que representa a la separación.



[1] Lacan, J. “El seminario de Jacques Lacan: libro 11”. Buenos Aires, Paidós, 2008. Pág. 214.

[2] Lacan, J. “Posición del inconsciente”. En Escritos 2, Buenos Aires, Siglo XXI Editores, 2008. Pág. 798.

jueves, 7 de octubre de 2021

Transferencia y presencia del analista. Pasajes, cruces y giros de la clínica en psicoanálisis.

 

Agradezco nuevamente la participación de la lic. Natalia Demonte, con este texto publicado en www.pensarelpsicoanalisis.com.ar, donde pueden encontrar otros artículos suyos, míos y de otros colegas. Los invito a pasar por la página y conocerla.


Estoy leyendo con un grupo de colegas la clase X del seminario 11 de Lacan y me surgieron ganas de escribir sobre la presencia del analista y la transferencia.

Podemos pensar la transferencia como un acontecimiento que se produce, es la puesta en marcha de la realidad del inconsciente, la tela en la que se va a tejer todo el dispositivo psicoanalítico. De este modo podemos pensarla como soporte para que se ponga en juego la presencia del analista. No es un campo de índole simplemente imaginaria, aunque sí lo incluye.

Lacan hace una crítica al concepto de contratransferencia, ubica que es la reducción imaginaria a la puesta en marcha del deseo del analista. Esa relación imaginaria está subordinada a la relación del sujeto con el Otro, es decir la singular relación con el inconsciente.

Lacan en la clase X define al inconsciente como ¨la suma de los efectos de la palabra sobre un sujeto, en el nivel que el sujeto se constituye por los efectos del significante¨.

El inconsciente es lo que yerra, lo que equivoca, se presenta en la equivocación como aquello que fracasa. Lacan,  haciendo una crítica al sujeto Cartesiano de la certeza, puntúa: ¨Donde no pienso soy¨.

La interpretación al inconsciente hace a un vaciamiento de sentido, le quita el peso a todos los engaños imaginarios que proveen ese sentido que rellena y obtura.

En el inconsciente se pone en juego todo el tiempo la alternancia entre cierre y apertura, es la presentación de un significante a contrapelo del sentido.

En contraposición a un tratamiento lineal de sentido, en psicoanálisis se trabaja en un trayecto por saltos, por cruces.  El enunciado equivoca porque lo que cruza es el discurso del Otro, y en este aspecto el psicoanálisis tiene que permitir entrar a lo singular.

En estos movimientos circulares de cierre y apertura la transferencia revela al Otro del inconsciente. La transferencia también es el medio por el cuál se interrumpe la comunicación con el inconsciente, en tanto cierre de sentido que se vuelca en el análisis. Podemos decir que  la interpretación tiene que ver con discontinuar un sentido, cruzándolo. Apunta a descompletar el sentido, dando lugar al interjuego de movimientos circulares. Entre la transferencia e interpretación se ponen en juegos estos movimientos de cierre y apertura.

El analista encarna al Inconsciente porque provoca, pone en juego ese lugar de discontinuidad. La existencia del analista se verifica por la vía en lugar del a.  El analista tiene que hacer un vaciamiento de su persona para poder encarnar ese objeto a, y en cada encuentro con el paciente ser provocadores de que el inconsciente se produzca.

Podemos decir que el psicoanálisis no es un tratamiento del progreso, en tanto que iría a una linealidad, a una finalidad. Se trataría más bien de una sucesión de pasajes, de un trayecto donde se ponen en juego estos cruces que producen giros en movimiento. En esos giros se van tocando puntos verdad que relanzan a otro saber y¨ la verdad ¨se va corriendo en todo un entramado.

De este modo la presencia del analista no está todo el tiempo, se presenta cuando se presenta, es algo que se produce,  es un efecto del inconsciente, encarna esa equivocación y va hacia esos quiebres. Lo que equivoca es la esencia del psicoanálisis, lenguaje como equivocación, tomando como premisa en psicoanálisis al sujeto del inconsciente como subvertido de por sí.

Algunos ejemplos en la clínica:

M es una paciente que de muy chica ha tenido que armarse para salir adelante. Cuando los padres se han separado en malos términos, al inicio de su adolescencia,  tuvo que hacerse cargo de todos los trámites y pendientes de la separación de sus padres ya que vivían en otro país y la madre no manejaba el idioma. Al inicio se presentaba como la que siempre tenía todas las respuestas, de hecho pausó su terapia anterior ¨porque ella ya venía con  las soluciones¨. Muy inteligente analizaba siempre determinada situaciones, se preguntaba y se respondía. Siempre se preguntaba en cómo dividir ya que muchas veces quedaba totalmente tomada por una cosa y terminaba agotada, o se mezclaban por demás situaciones personales con sus lazos afectivos, o no podía organizarse en su día a día y se agotaba con los pendientes que se iban acumulando. Hace unos años la madre enferma y se vuelve aún más demandante, es una demanda donde nunca alcanza. En una sesión la paciente hablando de la enfermedad de su madre y de los momentos en los que estaba más delicada dice… ¨Pobre imaginá por lo que pasó, yo me moriría en su lugar¨ La pregunta del analista apuntó a ¿PORQUE ELLA SE TENDRÍA QUE MORIR EN SU LUGAR?  NO, VOS NO TENES PORQUÉ MORIRTE EN SU LUGAR.

En este giro surgió su posición en la que siempre tiene que  tener las respuestas, su posición de cubrir al otro,  y que si se ubica en esa posición de ser el pendiente de su madre, el lugar para M  queda pendiente.

Otro ejemplo:

J cada vez que iniciaba la sesión repetía ¨ Me cuesta arrancar– me cuesta arrancar¨.. Algo de eso insistía cada vez… hasta que decantó que la analista le pregunta ¿QUE ES LO QUE LE CUESTA ARRANCARSE? Surgieron cuestiones de lo más interesantes con relación a algunos patrones de dinámica familiar, con respecto a su madre, a su abuela y cuestiones también relacionadas a la historia de sus padres.

Otra paciente L, donde en las relaciones con los otros se ponía muy posesiva cuenta una escena con dos amigas (una de ellas era su mejor amiga), mi paciente estaba muy enojada con la otra chica y le escribe a su amiga que ¨si la otra va ella se baja¨, la amiga enojada le contesta que entonces no venga y mi paciente cierra el mensaje por chat con el dicho de asentar ¨De una ¨. En ese cruce la analista le puntúa ¨DE UNA¨, se produce un silencio y la paciente queda sorprendida en el giro y surgieron cuestiones de lo más interesantes sobre esa dinámica posesiva en la relación con los otros, que remiten a una dinámica familiar de origen donde ella queda anclada .

En esos momentos de cruces, de vaciamiento de sentido de la linealidad se puede hasta sentir cómo algo cae y se produce algo del orden de lo liviano en el giro.

¿No les ha pasado en sus espacios de control también como analistas?

Es muy interesante, cuando se escucha a un colega controlando un caso, cómo surge algo del equívoco en su recorte, cómo se escucha lo tomado por el caso.

Una vez en mi espacio de control, en el relato del recorte del caso de mi paciente repetía mucho el nombre de su esposa que se llama¨ Delia¨. Cada vez que la nombraba repetía su nombre, y su nombre figuraba mucho en mi recorte. No me había dado cuenta pero es verdad que no suelo nombrar tanto a los familiares de mis pacientes, había algo que se repetía, que insistía sin cesar… Cuando la analista que elijo para mi espacio de control me marca DELIA….DE ELIA, (de ella en la fonética), algo se produjo y decantó.

En los controles, (o como solemos llamar supervisión),  se pone en juego esa re conducción del deseo del analista. Por eso es tan importante controlar, para que en la repetición que se pone en juego en la transferencia, pueda surgir algo del orden de la apertura de la diferencia que abre camino al deseo inconsciente como causa.